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Pequeñas sonrisas

Actividades extraescolares sí, pero que les gusten

Lo peor no es la vuelta al cole, sino escoger qué actividades extraescolares realizarán sus hijos este curso para mantenerlos ocupados cada tarde. Laura se levantó y cogió un folio para dibujar en él el horario de sus hijos y qué actividades podrían realizar de la amplia oferta que tenía por parte de la escuela.

Cada año había más opciones y a veces era difícil escoger entre tantas clases atractivas. En unas, los niños podían desarrollar sus aptitudes artísticas, en otras practicaban deporte, en otras podían descubrir un mundo de entretenimiento más allá de la pantalla de la televisión… e incluso puede que de lo que aprendieran en ellas dependiera su futuro profesional o sus aficiones cuando crecieran, ¡era toda una responsabilidad!

Lo primero que Laura tenía claro era que quería que sus hijos fueran a clases extras de inglés, no porque no se les diese mal esta lengua sino porque si la reforzaban, el próximo verano podrían irse al extranjero y terminar así de ser todos unos expertos.

Sergio, el mayor, quería seguir haciendo fútbol. No era ninguna estrella pero con la práctica se le daría mejor, de esto estaba convencida. El fútbol era un buen deporte, se lo pasaba genial con sus amigos, y además a su marido le gustaba ir a ver sus partidos los fines de semana y se llevaba muy bien con los otros padres; así que Sergio haría fútbol, como el año pasado. Aparte de inglés y fútbol, los viernes haría guitarra, por aquello de desarrollar las aptitudes musicales…

Ahora le tocaba el turno a Silvia. Obviamente haría inglés con su hermano, así los tenían a los dos en el mismo sitio y terminaban a la misma hora, lo que suponía una ventaja a la hora de irlos a recoger. Silvia continuaría con el ballet porque era un deporte muy interesante y a Laura le encantaba ir a ver a su hija bailar y moverse con aquella gracia y elegancia que caracteriza a las bailarinas. Por último, Silvia también debería tocar un instrumento, no podía ser distinta a su hermano en este aspecto, así que la apuntaría a clases de piano.

Le contó a su marido todos los planes que había hecho para sus hijos y para ver si se podían coordinar para ver quién los iba a recoger cuando terminasen. Una vez acordado todo con su marido, Laura llamó a sus hijos para informarles de los planes de este año. Los niños escucharon atentamente a su madre, pero miraban con mala cara el calendario que les había preparado. Al final, Laura interrumpió su discurso y les preguntó a qué venían esas caras. Fue Sergio, el mayor, quien, con un susurro, preguntó: “¿Y cuándo jugamos?”.

Esta pregunta cogió a Laura por sorpresa. En ningún momento se había planteado el hecho de que sus hijos quisieran tener tiempo para jugar entre tanta actividad extraescolar y los deberes de la escuela. Pero, efectivamente, eran niños, al fin y al cabo, y los niños necesitan jugar.

Tras reflexionarlo con su marido, Laura decidió que los niños dejasen una actividad extraescolar para poder tener, al menos, una tarde libre entre semana.

Una vez solucionado este tema, Laura prosiguió con las actividades que debían realizar los niños, cuando vio que volvían a poner mala cara. Les preguntó qué ocurría esta vez y se sorprendió al ver que respondía su hija preguntando si alguien había tenido en cuenta su opinión. Laura se quedó un momento pensativa y se dio cuenta de que en ningún momento habían preguntado a sus hijos cuáles eran las actividades extraescolares que les gustaría hacer. Se había guiado por lo que a ella le hubiese gustado hacer cuando era pequeña o por lo que quería que sus hijos llegasen a ser, sin pensar si lo que hacían les gustaba o se les daba bien.

Esta situación ocurre muy a menudo en muchas familias. Para evitarla, se debe de preguntar al niño/a qué le gusta y observar qué se le da bien, o de lo contrario se cansará y no le pondrá empeño. Si el niño/a hace lo que le gusta le pondrá interés y ganas. Se divertirá y si es una actividad con más niños/as aprenderá, por ejemplo, lo que es el trabajo en equipo.

Decidan lo que decidan, los niños deben de recibir el apoyo de los padres, conviene que sientan que no están solos y que pueden llegar a sacar lo mejor de sí mismos. Si se sienten cómodos en la actividad que realizan y les gusta, le sacarán mucho partido, pero si les obligamos a hacer algo que no se les da bien o les aburre, será para ellos más un castigo que una actividad entretenida, que es lo que deben ser las actividades extraescolares.