Blog | Cuida tu sonrisa

Pequeñas sonrisas

Alimentos que parecen buenos pero no lo son

Una buena alimentación es fundamental para el adecuado crecimiento y desarrollo de nuestros hijos. Además de preocuparnos de que tengan una dieta equilibrada tenemos que intentar reducir el consumo de aquellos productos que no son beneficiosos para su salud. Pero, ¿qué pasa con esos productos que parecen buenos para la salud pero que en realidad no lo son tanto?

Antes de elegir los productos con los que alimentar a nuestros hijos es recomendable, tener en cuenta sus ingredientes y su composición para estar informados y poder elegir con criterio los alimentos que mejor cubran sus necesidades.

Leches de crecimiento: La leche es fundamental para el crecimiento de nuestro bebé, es un producto rico en proteínas, grasas, vitaminas y minerales, en especial el calcio, importantísimo para el desarrollo de los niños. Las leches de crecimiento han surgido destinadas al consumo por niños de entre 1 y 3 años como una transición entre la leche materna y la leche de vaca. Sin embargo, es importante saber que una vez cumplido el año de edad, el organismo del niño ya está preparado para asimilar leche de vaca.

En cuanto a las diferencias en sus composiciones tenemos que saber que el único azúcar que existe, de forma natural, en la leche es la lactosa. En la mayoría de leches de crecimiento encontramos azucares añadidos como sacarosa, jarabes de glucosa, fructosa o miel. El contenido en calcio es inferior a los de la leche de vaca (120 mg/100g). Las vitaminas están ampliamente presentes en estas leches; sin embargo un niño de un año las incorpora en su dieta a través de la fruta, la verdura, la leche, la carne o el pescado.

Zumos y refrescos: De acuerdo con las recomendaciones del Comité de Nutrición de la Asociación Española de Pediatría el consumo de zumo de frutas natural en pequeñas cantidades puede ser útil como complemento de la dieta a partir de los 6 meses. Sin embargo, hay que diferenciar los néctares de frutas y los zumos de frutas con azúcares añadidos, ya que su consumo no es nutricionalmente adecuado en la infancia.

El exceso de consumo de zumo o bebidas a base de frutas con azúcares añadidos se ha relacionado con el desarrollo de ciertos síntomas como diarrea o flatulencia, y también se asocia con la aparición de caries. Para prevenir la caries derivada del consumo excesivo de zumo, éste no debería suministrarse en biberones o tazas antigoteo de las que el niño pueda disponer a su antojo, sino de manera puntual y en un vaso, y nunca cuando el bebe o niño va a irse a dormir.

Por otro lado, últimamente se ha observado un aumento de consumo de bebidas refrescantes en niños y adolescentes. Su ingesta elevada en niños puede desplazar el consumo de bebidas de alta calidad nutricional. Si se asocia con bajo consumo de leche puede producir osteopenia, y, además, puede suponer riesgo de obesidad.

El agua y la leche deben ser las bebidas fundamentales en la infancia. Las bebidas refrescantes y los zumos de frutas deberían dejarse para consumo ocasional.