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Pequeñas sonrisas

Cambia el cepillo de dientes tras el resfriado

Hemos entrado de pleno en la época más proclive para pillar los temidos resfriados. De hecho hay algunos que empezamos con el primer descenso de la temperatura, y no los soltamos hasta que empieza a rallar la primavera. El otoño y el invierno nos traen el frío, el viento y la lluvia, y nuestro organismo se resiente, originando los constipados que, en muchos casos, vienen acompañados de alguna que otra infección, bien sea por virus o por bacterias.

La mayoría de síntomas que se producen cuando estamos pasando un resfriado, se manifiestan a través de la boca. Toses, acumulación de mocos… todo ello puede venir por una infección producida en la garganta, en los pulmones…, por ello cuando nos limpiamos los dientes, no es extraño que algún resto de “bichito” quede entre las cerdas. Por mucho que intentemos lavarlo con cuidado y profundidad, es muy recomendable que cambiemos de cepillo una vez hayamos superado el resfriado.

Es cierto sin embargo que en el caso de los virus es menos probable que éstos sigan resistiendo tras la limpieza de los cepillos. No es lo mismo que con las bacterias, por ejemplo las que nos pueden provocar problemas en la garganta, que sí resisten durante más tiempo y pueden sobrevivir en nuestro cepillo, volviendo a invadirnos o, incluso, contagiar a otro cepillo.

Pero como muchas veces no sabemos exactamente qué es lo que nos ha provocado el malestar, lo más recomendable, sin duda, es cambiar el cepillo para asegurarnos de que todo está en orden y de que los contagios ya no son posibles.

Además de cambiar de cepillo tras superar un resfriado, hay un elemento que podemos usar a diario y que nos ayudará a proteger nuestro cepillo. Se trata de los capuchones que acompañan, normalmente, a los cepillos de dientes.

Estos capuchones son ideales para cuando salimos de viaje y nuestro cepillo va en contacto con otros artículos de aseo personal. Pero también para el día a día, ya que nos ayudan a preservarlos de agentes molestos y externos: el polvo, algún insecto… Es incluso del roce con otros cepillos que compartan recipiente con el nuestro.

Pero no olvidemos que estas capuchas también necesitan su cuidado.

Una vez nos hemos limpiado los dientes, tenemos que sacudir el cepillo en el borde del lavabo y comprobar que no quedan restos orgánicos, ya que acabarían contaminándolo, y mucho más si lo cerramos con la capucha. La mayoría de estos protectores disponen de orificios y agujeritos para que el cepillo se ventile mientras no lo usamos, pero es necesario asegurarse de que lo hemos limpiado en profundidad.

Darle un agua, también, a la capucha, puede ser una buena idea, y así impediremos que “seres indeseables” se instalen en nuestro cepillo y que después se puedan pasar de ahí a nuestra boca. Al menos hasta que nos toque cambiarlo, que os recuerdo que lo ideal es cada 3 meses.