Blog | Cuida tu sonrisa

Pequeñas sonrisas

Los cuentos más divertidos para cepillarse los dientes

¿Sabes que existen muchos más cuentos sobre el cepillado de los dientes además de la fábula del Ratoncito Pérez?

Si los pequeños de la casa se resisten a lavarse los dientes… ¡Cuéntales alguna de estas historias para convencerles de lo importante que es!

“Cuento del Sapo Dentudo”

Hace mucho tiempo, un joven mago creó, por casualidad, un hechizo capaz de dar una sonrisa perfecta a aquel que lo recibiera. Para probarlo, decidió utilizarlo en una de sus mascotas, un sapo. El sapo que convirtió en un animal muy sonriente, capaz de comer cualquier cosa e incluso de hablar.

Encantado con sus nuevos dientes, el sapo dejó de comer insectos y empezó a comer gominolas. Su amigo el mago le advirtió de que, si sólo comía alimentos con mucho azúcar y no se lavaba los dientes adecuadamente, terminaría perdiéndolos.

Pero el sapo no le hacía caso, creía que su nueva dentadura era suficientemente resistente como para no necesitar limpieza. Además, las gominolas le gustaban tanto que no se planteaba dejar de comerlas.

Al cabo de unos días, empezaron a aparecer caries en algunos de sus dientes y se extendieron por toda la boca. Intentó cuidarlos, pero ya era demasiado tarde… ¡y se le cayeron todos!

Con la pérdida de sus dientes, también perdió el don de hablar. No pudo decirle al mago que, si le volviera a dar el don de tener dientes, los cuidaría cada día y no comería tantas gominolas, ¡no le gustaba nada volver a comer insectos!

“Ángel no quiere lavarse los dientes”

Ángel era un niño muy bueno y cariñoso. Pero, a veces, era un poco desobediente.

Un día, decidió que ya no quería volver a lavarse los dientes. Su madre insistió, su padre también, e incluso su abuela le llamó por teléfono para intentar convencerle.

“Si no te los lavas, se te caerán”, le decía su madre.

Ángel pensaba que, si se le caían, el Ratoncito Pérez le traería regalos, así que siguió sin lavárselos.

Con el paso de los días, sus dientes cada vez estaban más sucios. Además, sus amigos del colegio no querían acercarse a él porque le olía mal el aliento.

Entonces, se le cayó un diente. Ángel, muy emocionado, lo dejó debajo de su almohada. Pero… ¡Al día siguiente seguía ahí! Pérez le había dejado una nota que decía: “Ángel, este diente está demasiado sucio para mi colección. Lo siento, pero no lo quiero”. Muy preocupado, el niño empezó a frotarse los dientes con el cepillo hasta que quedaron perfectamente limpios. Además, limpió el diente que se le había caído para volver a ofrecérselo a Pérez con una nota de disculpa. Al día siguiente, el Ratoncito se lo había cambiado por un regalo y sus compañeros de colegio volvieron a hablar con él porque su boca volvía a oler bien.

“¡Cepíllate el pico, Perico!”

Se trata de un divertido cuento cuyo protagonista es un pollo llamado Perico. Él vive feliz en el campo hasta que un día se da cuenta que su canto suena muy raro, en vez de hacer co-co como la mayoría, le suena a plo-pli. Mamá gallina enseguida descubre que algo raro le sucede, así que lo lleva pronto al médico donde descubre que tiene caries. Y es que Perico ha descuidado la higiene de su pico, algo que ya no le volverá a suceder. El libro ha sido escrito por Clair Arthur y Vicent Mathy y editado por Macmillan

“El libro de los dientes limpios”

Se trata de un libro que está dirigido tanto a los niños como a sus padres. Contiene dos partes totalmente diferenciadas. En una de ellas, dos divertidas hadas irán guiando a los pequeños a través de sus aventuras y simpáticas actividades para concienciarles sobre la necesidad del cuidado de sus dientes. La segunda parte está dirigida a los padres, dándoles ayudas, claves y métodos para animar a los pequeños al cepillado de sus dientes. Puedes leerlo online o descargarlo gratuitamente desde su página web.

“¡A lavarse los dientes!”

Un divertido libro con simpáticas ilustraciones que servirá como una eficaz herramienta para que los niños empiecen a cuidar de sus piezas dentales. Y como no hay nada mejor que el conocimiento para educar con cabeza y eficacia, a modo de juego se les va enseñando el nombre de cada diente y los cuidados que necesitan para que estén siempre sanos. Ha sido escrito por Patricia Geis y editado por Combel Editorial.

“Pepito el olvidadizo”

Pepito era un gran estudiante. Le gustaba leer, jugar al fútbol y pasar el tiempo con sus familiares y amigos.

– ¡Pepito! ¡No olvides lavarte los dientes! Ya es hora de ir a dormir. – Le decía su madre todas las noches.

– Sí, mamá. Termino este capítulo y voy. – Contestaba Pepito, que cada noche se quedaba enfrascado en algún libro. Estaba tan calentito en la cama que no le apetecía ir hasta el baño. Poco a poco, los ojos se le cerraban y no se acordaba de lavarse lo dientes.

A la mañana siguiente, Pepito tenía un examen en el colegio, así que desayunó rápidamente y salió pronto de casa para llegar a tiempo.

– ¡Pepito! ¿Te has lavado los dientes después de desayunar? – Gritaba su madre desde la puerta, viendo cómo su hijo se alejaba.

– ¡Mamá! ¡Me los lavaré cuando llegue del colegio! ¡Te lo prometo! – Pero Pepito nunca se acordaba.

Esa noche, sumido en un profundo sueño, no paraba de moverse en la cama hasta que abrió los ojos y vio que en su almohada había un monstruo verde con dientes afilados.

– ¡Qué susto! ¿Quién eres? – Preguntó Pepito, asustado.

– ¡Soy Bacteria! Vivo en tu boca y me he hecho muy grande. Como no te cepillas los dientes, he crecido más y más. ¡Ahora puedo devorarte todos los dientes!

Pepito se miró asustado en el espejo de su habitación y vio que no tenía dientes.

– ¡Noooo! – Gritó y se despertó. ¡Era una pesadilla! Aunque era muy de noche, fue corriendo al baño para cepillarse lo dientes.

– ¿Qué haces despierto, Pepito? – Le preguntaba su madre, que se había despertado con el ruido del agua saliendo del grifo.

– ¡Se me había olvidado lavarme los dientes!

– ¿Y desde cuándo eres tan cuidadoso? – Decía su madre, sorprendida.

– ¡Desde que un monstruoso amigo me ha explicado la importancia de tener los dientes limpios!

“El ratoncito  Fernández”

El ratoncito Pérez es el más famoso del mundo. Es muy querido por los niños porque cambia los dientes por regalos. Pero existen muchos otros ratones, cada uno con un trabajo distinto. Pero el ratoncito Fernández no quiere dedicarse a otra cosa. Lo que quiere es una colección de dientes más grande que la de Pérez, que tiene una bonita estantería en su casa con todos los que recoge alrededor del mundo. ¡Pero nadie conoce a Fernández! Y los niños no le confían sus dientes.

– ¿Qué puedo hacer para conseguir dientes? ¡Los niños ni siquiera saben quién soy!

Pensando y pensando, se le ocurrió una idea.

– ¡Ya lo tengo! Dejaré golosinas en todas las casas para que los dientes de los niños enfermen y tengan que ir al dentista a que se los quite – Dijo Fernández, al que la envidia había empujado a crear un plan tan maléfico.

Con el paso de las semanas, su plan se iba cumpliendo. Las salas de espera de los dentistas estaban llenas de niños con la boca enferma. El odontólogo extraía los dientes y los depositaba en un contenedor especial, que Fernández visitaba por la noche para robarlos. En pocos meses, tenía su casa llena, aunque no eran como los de Pérez. Los suyos estaban sucios y olían mal. Al final, terminó enfermando por convivir con esos dientes podridos. Pérez, que era su vecino, se dio cuenta de que algo iba mal. ¡Llevaba mucho tiempo sin ver a Fernández! Cuando se acercó a su casa, miró por la ventana y lo vio tumbado en la cama, con muy mala cara.

– ¡Fernández! ¿Necesitas ayuda? – Dijo Pérez entrando rápidamente. Cuando se percató del mal olor se tapó la nariz. – ¡No puedes vivir así!

– Pérez… Tenía tanta envidia de tus dientes, que he hecho una cosa muy mala para conseguirlos yo también – Le contestó arrepentido, contándole todo lo que había hecho.

– No te preocupes, todos nos equivocamos alguna vez. Lo importante es que te has dado cuenta de que no está bien enfermar los dientes de los niños para quedarte con sus dientes. ¿Sabes una cosa? Hay muchos niños en el mundo y yo necesito ayuda para ir a todas las casas a llevar regalos, ¿qué te parece si trabajamos juntos?

Ese día, Fernández se dio cuenta de que no merece la pena sentir envidia y de que podía ser mucho más feliz llevándose bien con los demás y sin hacer daño a nadie.

Es muy importante inculcarle a los más pequeños la importancia de lavarse los dientes y de adquirir una rutina de limpieza. A veces, una historia llena de fantasía puede ser nuestro mejor aliado y, ¡también fomentaremos su imaginación!