Blog | Cuida tu sonrisa

Pequeñas sonrisas

Descontrol

Hace unos días volvimos de las vacaciones y aparte de un montón de recuerdos geniales y las maletas más llenas de lo que fueron, nos trajimos con nosotros unos cuantos kilos de más (yo ya estoy a dieta, operación post-bikini que la llaman…), y un enorme descontrol de rutinas y costumbres alimentarias.

Y es que, por mucho que intentemos tener bajo control el tema de las chuches y que lleven una alimentación equilibrada, esos días pensados para disfrutar y no agobiarse están también hechos para pasarse en ese sentido.

Hay niños a los que no les gusta el dulce. Ninguna de mis dos hijas son de ellos. A mis hijas, como a su madre, todo lo que lleva azúcar les pirra y hay que controlarlo, así que lo habitual es que sólo coman chuches los domingos o en cumpleaños y fiestas especiales. Con los helados y otros dulces algo similar, no queremos que se convierta en una costumbre…

Pero como decía, estás de vacaciones, estás dando un paseo por la playa después de merendar y pasas por una heladería. ¿Cómo vas a decirles que no porque ya se comieron uno el día anterior? Y sobre todo, ¿cómo vas a decírselo cuando tú eres la primera que quieres uno? Imposible, al final cada uno tiene su helado.

Estás pasando la tarde por el centro, estás paseando, has visitado ya todo lo que te resulta de interés, has visto los barcos, los puestecillos de artesanía… Se va haciendo tarde y todos estamos cansados, nos vamos a sentar a tomar algo y de repente papá se acuerda de que él no puede irse de esa ciudad sin comer un gofre porque es uno de sus recuerdos de preadolescente, así que ahí nos sentamos a ponernos gochos de gofres con chocolate, y las brujas no pueden ser menos, porque el chocolate es mucho chocolate.

Otro día decides pasar la tarde por tu barrio, das un paseo, estás un buen rato en los columpios, pero es verano, estás de vacaciones, así que eso tiene que acabar en una terraza con una cañita, y resulta que el bar al que sueles ir ha puesto un castillo hinchable para los niños y lo que iba a ser una cañita se convierten en tres pintas con sus tapas incluidas y la mayor que te dice “Mamá yo quiero un Kas y las chuches que compraste hace tres días y están en el bolso”. ¿Y cómo vas a decirle que no cuando tú te estás poniendo tibia a cerveza? Y ahí acaban tomándose un refresco azucarado que reservas para las ocasiones especiales, y las chuches “os las doy cuando os comáis primero un trozo de tortilla y un poco de jamón del que nos han sacado”, y por lo menos te quedas un poco satisfecha pensando que al menos ha entrado algo saludable a su estómago porque sabes que la cena va a ser una batalla perdida.

Así que diez días así os podéis imaginar. ¡Que levante la mano quien no lo haya vivido!

Por lo menos y a pesar del descontrol, metí en el neceser dos cepillitos infantiles nuevos chulíiiiisimos que usaban todos los días sin falta y en la maleta de vuelta la promesa de que en cuanto pisáramos nuestra casa esto se había terminado 😉