Blog | Cuida tu sonrisa

Lavarse los dientes
Pequeñas sonrisas

El Capitán Pillo, el cepillo al rescate

Érase una vez en un país muy lejano (bueno, igual no TAN lejano) en el que vivía una señora dentro de una cueva. Era muy buena gente y todos la querían porque era muy risueña y muy trabajadora. Se llamaba Lengua y ayudaba mucho a todos sus amigos: sin ella no podríamos comer o hablar (así que no podríamos  decir “te quiero mamá” o “te quiero papá”, imagina qué terrible) . Bueno, si podríamos, pero sería mucho más difícil, ¿no crees?

La Señora Lengua es una señora muy limpia y no le gusta que su casa huela mal ni que tenga basura desperdigada por cualquier sitio. ¡Le gusta tener su cueva bien arreglada! Es un sitio muy bonito, con unas colinas de un color rosa  espectacular de aspecto blandito pero duras en el fondo que por lo visto reciben el nombre de encías. Arriba en lo alto están los dientes, que cumplen tantas funciones como la Señora Lengua. Ayudan a hablar (¿os habéis fijado cómo juegan con la lengua al pilla-pilla cuando hablamos?), cierran la cueva cuando no queremos que entren moscas y ayudan con la comida.

¿Os habéis fijado en lo que pasa al comer?  Cuando entra la comida en la cueva comienza un baile en el que el alimento hace muchas volteretas y se convierte en algo mucho más pequeñito y húmedo. Pero imaginad cómo queda todo de sucio ¡Sólo tenéis que pensar en vuestros cumpleaños y en el estado de vuestra casa después de la gran fiesta! Por eso cuando todo termina tiene que venir el Capitán Pillo, el cepillo al rescate.

¿No lo oís venir? Viene volando embadurnado de crema dispuesto a dejar la cueva ¡como los chorros del oro!  Y todos los habitantes de la cueva se ponen como locos de contentos. Los dientes porque están muy orgullosos de su color blanco marfil ¡no quieren volverse amarillos ni tampoco quieren ni oír hablar de esos bichitos que hacen que se vuelvan negros, se caigan o duelan! Así que están encantados de bailar esta vez con el Capitán Pillo, que les hace cosquillas y los deja relucientes.

Pero la Señora Lengua se pone muy celosa ¿y yo?, pregunta. ¿A mí no me limpias?  ¡Pues claro que sí! Y la lengua se ríe y se agita cuando el Capitán Pillo le acaricia la espalda.

¡Ya hemos terminado! Mmmm… ¡nada de eso! Un poco de enjuague y así además la cueva olerá estupendamente ¡a limpio! Pero nada de tragárselo, que es sólo para limpiar.

Cuando termina todo, el Capitán Pillo mira la cueva y a sus amigos con la satisfacción del deber cumplido. Hoy es un buen día para estar todos limpios. Y se marcha satisfecho hasta la próxima. ¡Que será dentro de nada!