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Pequeñas sonrisas

El enjuague y el hilo dental

Eran uno, dos y tres los famosos mosqueperros, el pequeño D’Artacán siempre va con ellos… ¿Recuerdas esa canción? No, no voy a hablar de dibujos animados de nuestra infancia sino de tres mosqueperros  especiales, necesarios e imprescindibles: la pasta dentífrica, el hilo dental y el enjuague bucal. Sí, sí, ya lo sé falta D’Artacán. Sin duda alguna nuestro D’Artacán particular es el siempre necesario cepillo de dientes.

El cepillo de dientes, el dentífrico, el hilo dental y el enjuague bucal forman un equipo increíble. El mejor equipo al cuidado de nuestros dientes. Sí, sé que algunos dirán que estoy medio loca por mis comparaciones pero, he de decir que el mundo de los cuentos, la imaginación y los personajes fantásticos en casa me  ha venido muy bien para que mi Piojo aprenda ciertas cosas. Por ejemplo, en casa no tomamos jarabes sino pociones mágicas hechas por hadas, duendes y dragones. Parecerá  una tontería, pero así siempre se toma los medicamentos.

Eso fue lo que me llevó a crear al Súper Cepillo de Dientes, ese que combate contra las malvadas-malvadosas caries. Y llegado su momento mis particulares mosqueperros vendrán en mi ayuda. El primero que aparecerá por casa será el señor Hilo Dental, ya que debemos introducirlo en la higiene bucal de los peques a partir de los 4 años. Eso sí, siempre con nuestra ayuda.

Primero debemos utilizarlo nosotros enseñándoles a usarlo con nuestra ayuda, para que poco a poco vayan haciéndose independientes, y así a la edad de 8 años puedan usarlos ellos solos.

El siguiente mosqueperro, el enjuague bucal, tardará un poco más en llegar a casa, pues no es recomendable su uso hasta los 6 años. ¿Por qué no es recomendable? No por ser dañino o perjudicial, sino porque en la mayoría de los casos van a terminar tragándose el enjuague. No van a saber usarlo correctamente: enjuagarse y escupir.

¡Ah! Hemos de recordar lo siguiente: como buenos mosqueperros, el enjuague y el hilo dental no sustituyen al cepillo sino lo complementan. No olviden aquel lema: “Uno para todos y todos para uno”.