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Pequeñas sonrisas

El hada de los dientes

Los niños españoles (y también de algunos países de Hispanoamérica) saben perfectamente lo que tienen que hacer cuando se les cae un diente. Esa noche, después del ritual del lavado de dientes, la pieza caída se coloca debajo de la almohada esperando que el ratoncito Pérez lo venga a buscar y se lo cambie por una moneda o un pequeño regalo.

Pero ¿qué pasa con  los niños de otros países? ¿El ratoncito Pérez visita a todos los niños del mundo? En realidad no. Cada país tiene su leyenda: en Francia, la petite souris, en Italia, Topino o Topolino y en los países anglosajones, el Hada de los Dientes.

La verdad es que siempre he pensado que estos anglosajones son mucho mejores que los latinos inventando mitos. Porque, bien pensado, entre que te visite un ratoncito (que no deja de ser un bicho peludo que por lo general nos suelen dar un poco de respeto) o un hada toda estilosa ¡ya me contaréis con qué os quedáis!

Fuera de bromas, en realidad las historias míticas relacionadas con la pérdida de los dientes son antiquísimas. Cuando a un niño se le caía un diente, se enterraba en el bosque como un símbolo: que el nuevo diente se sujetara fuertemente como los árboles a la tierra y creciera fuerte y sano. Pensad que en la Edad Media las enfermedades bucodentales y las pérdidas de piezas dentales estaban a la orden del día. Y no sé si habéis leído “El médico”, de Noah Gordon (o visto la película), pero ¡benditos sean los dentistas de hoy en día y las técnicas actuales!, ¡y bendita sea la anestesia! Es decir, que el desear que los dientes definitivos nacieran fuertes y sanos no era ninguna bobada.

Lo siguiente era imaginar una figura que fuese a recoger todos esos dientes enterrados. El mundo anglosajón, especialmente aquel con influencia celta, está lleno de historias de hadas y duendes. Así que el Hada de los Dientes fue una leyenda que nació sola.

El Hada de los Dientes actualmente cumple una función similar a la de nuestro Ratoncito Pérez. Los niños anglosajones dejan los dientes bajo la almohada y el Hada de los Dientes los recoge en su zurrón para guardarlo junto con los recuerdos de la infancia de los niños, intercambiándolos por un pequeño regalo. Los padres americanos a veces dejan caer un poco de purpurina en la almohada junto a la moneda o el regalito. Mis hijas hiperventilarían si encontrasen purpurina en su cama. Yo también, pero por motivos distintos. Tengo la teoría de que la purpurina es como la energía, que ni se crea ni se destruye, sólo se traslada y tres años más tarde puedes seguir encontrando restos por casa.

En realidad, está bien tener mitos para convertir algo que a priori sería dramático (perder un diente) en algo que todos los niños esperan con ansia. Y es que ¡imaginad! Si no tuviésemos esas historias, los niños tal vez sufrirían por perder algo que es suyo. ¿Cómo hacerles entender de una manera sencilla que no pasa nada, que ese diente dará paso a otro y que esto ocurre porque se está haciendo mayor? Por eso son geniales estas historias. ¡Porque nos lo ponen fácil a los padres y los niños las adoran!

¿Conocen vuestros hijos la existencia del Hada de los Dientes y de las otras figuras míticas? En estos momentos en que los niños viven una realidad tan intercultural, no está de más explicarles que en otros países los peques esperan a otros cuando se les cae un diente. Podéis contarles, por ejemplo, que sería muy difícil para un ratón, que es pequeñito, cruzar el océano y recoger los dientes de los niños de otros países. Por eso el Hada de los Dientes le ayuda en otros lugares y hace a los peques tan felices como nuestro ratón patrio.

¿Qué creéis que les gustaría más a vuestros hijos? ¿Ratón o Hada?