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El Ratoncito Pérez

El Ratoncito Pérez recogiendo dientes

¿Quién de nosotras no recuerda la ilusión que nos hacía que se nos cayera el primer diente para que el Ratoncito Pérez nos trajera algo? Y digo el primer diente porque en mi casa sólo había regalito con el primero. Supongo que siendo tres hermanos, eso de veinte sorpresas por niño mi madre no lo veía muy claro. Eso, o que en aquella época el tema de los regalos era bastante menos exagerado que ahora. Sea como sea, yo recuerdo perfectamente que aquella mañana apareció debajo de mi almohada un paquetito con unas minicomiditas para las muñecas, y es que cualquier cosa, por pequeña que fuera, me hacía una enorme ilusión.

 La del Ratoncito Pérez es una de esas costumbres que parece que siguen intactas a pesar de haber pasado años. Y aunque estamos criando “nativos digitales”, la idea de que un ratoncillo viene a tu cama por la noche a recoger ese minúsculo dientecillo de leche que se te ha caído y te lo cambia por un regalito o una moneda (según la casa) sigue siendo, para nuestros peques, uno de esos momentos mágicos que recordarán siempre con muchísima ilusión.

 Y a pesar de ser un personaje conocido y querido por todos, lo que no tengo tan claro es que la mayoría conozcamos su origen. De hecho, yo misma oí esta historia por primera vez hace poco más de un año.

Resulta que el Ratoncito Pérez no viene de Oriente, ni del país de las hadas, ni del Ártico, no, no, es mucho más castizo. ¡Vive ni más ni menos que en Madrid! Sí, sí, su casa más concretamente está en la calle Arenal, en el número 8. De hecho, allí mismo hay un museo dedicado a él. Yo todavía no lo conozco, pero es una de las visitas que tengo pendientes en cuanto podamos acercarnos a pasar un fin de semana a la capital.

El Ratoncito Pérez fue un cuento hecho por encargo por el Padre Luis Coloma para el rey Alfonso XIII cuando tenía ocho años y se le cayó su primer diente. Este ratoncito vivía en una pastelería cercana al palacio con su familia. Por las noches, se escapaba de la cajita de bizcochos en la que dormía y, engañando a los gatos callejeros, llegaba a la habitación del entonces príncipe y de otros niños pobres a los que se les había caído un diente para dejarles un presente. A partir de entonces el Ratoncito Pérez visita a todos los niños.

Pero como en otros temas, esta costumbre tan “nuestra” está empezando a convivir con otros personajes más lejanos, que no sé porque me da que enseguida se afincarán en nuestras vidas como antes lo hicieron el gordito navideño vestido de rojo y eso de pedir chuches disfrazados de fantasmas y brujas. Y es que al final, en este mundo globalizado donde los peques ven dibujos animados de todas las nacionalidades, es imposible que no entre en su imaginación “El hada de los dientes”.

Esta hadita, cuya misión es la misma que la de nuestro amigo Pérez, aparece por todos lados. La tenemos en todos los dibujos animados que no sean españoles (ya la he visto en Dora la exploradora, en Ben y Holly, en Peppa Pig, y creo recordar que también en Caillou) y por ello, supongo que pronto también la tendremos por nuestras casas. Sólo espero que no se haga con todo el mercado y nuestro ratoncito siga teniendo trabajo 😉

Pequeñas sonrisas 6 mayo, 2014

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