Blog | Cuida tu sonrisa

Pequeñas sonrisas

Érase una vez la vida

Yo viví mi infancia en los años 80. Los niños de nuestra generación, como sólo teníamos dos canales en la televisión, tuvimos una infancia bastante común. Ahora mis hijas ven unas series, sus amigas ven otras, los niños pequeños unas diferentes… en fin, que es menos universal la cosa.

Una de las series que más me gustaba era Érase una vez la vida (o Érase una vez el cuerpo humano, depende de las versiones) Yo siempre he sido muy “de letras” y a pesar de que pudiese parecer que mi favorita de la esta franquicia tenía que ser Érase una vez el hombre (la dedicada a la historia, que también estaba muy bien) sin ninguna duda me quedaba con la del cuerpo humano.

Tal vez porque aprender el funcionamiento del cuerpo humano siempre se me atrangantó más que la historia. Tal vez porque yo siempre me he aprendido más fácilmente las cosas que he podido ver con mis ojos.  El funcionamiento del cuerpo humano se me antojaba como una cosa ardua y abstracta hasta que vi la serie.

Ahora, cerca de los cuarenta y con una formación muy de letras, para mí los glóbulos rojos siguen llevando a las espaldas el oxígeno y el CO2, que son como burbujas, los glóbulos blancos son policías y mis plaquetas se dan la mano cuando me hago una herida para formar una costra.

Y por supuesto, los malos siguen teniendo la cara de Tiñoso y Canijo. Gracias a esta serie los niños entienden fenomenal los peligros reales de una mala higiene, lo que ocurre cuando estamos malitos y un montón de cosas que de otra manera no podían entender. Ojalá hubiese más series como éstas. Menos mal que podemos seguir tirando de nostalgia y enseñársela a nuestros hijos.