Blog | Cuida tu sonrisa

Pequeñas sonrisas

La importancia de la sonrisa

¿Alguna vez habéis pensado en que vivimos en una época en la que, lo queramos o no, estamos casi siempre expuestos? No hace falta ser famoso para que muchas de las cosas que hacemos estén retratadas. Vivimos con una cámara de fotos en el bolsillo, usamos con frecuencia las redes sociales, todos a nuestro alrededor están conectados…

Instagram es la red en la que mostramos nuestro mejor perfil: casas impolutas, modelitos (o modelazos), momentos felices. Evidentemente es imposible que en una vida común todo sea tan perfecto: hay mucho de eso que se conoce como “postureo”, que implica aparentar lo que no siempre somos. Pero en el fondo creo que si Instagram engancha es porque es una red feliz. Es una red social que sonríe, que no transmite penas.

A la gente nos gustan las personas que sonríen. La sonrisa es lo primero que percibimos de una persona que se nos acerca, es el primer contacto que tenemos con alguien. Una sonrisa abierta, franca, amplia y sincera nos hace sentir cómodos y relajados. Instintivamente sabemos reconocer cuando una sonrisa es de verdad y cuando la están fingiendo: las sonrisas verdaderas reconfortan. Cuando una persona sonríe de verdad tendemos a creer lo que nos cuenta, a aceptarle, y estamos mucho más cómodos.

La sonrisa es nuestra mejor arma. Sonreír además es muy fácil: se necesitan sólo 7 músculos para dibujar una sonrisa en nuestra cara, mientras que para enfadarnos utilizamos 34. La sonrisa es tremendamente poderosa: es la consecuencia de un estado de ánimo, pero al mismo tiempo es capaz de reconfortarnos cuando nos encontramos mal, ayudando a que vuelva a nosotros la alegría.

Sonreír es la mejor carta de presentación: dice muchísimo de nosotros. Por ello, cuidarla es importante. Una sonrisa blanca, limpia, reluciente, transmite muchísimo. Tener los dientes sucios, el aliento desagradable, las encías en mal estado, o dientes caídos o desalineados, afea lo que es nuestra mejor tarjeta de visita. Y transmitirles todo esto a los niños es nuestra obligación como padres. Tener (y ejercitar) una buena sonrisa es básico y cuidarla es un esfuerzo en el que no debemos escatimar.

Para los niños la sonrisa es de lo más natural pero cuando vamos creciendo cada vez se convierte en algo más esporádico. Pero quien crece en una familia que sonríe adopta de forma natural esa forma de ser, a la que acompañan el humor, el cariño y la alegría. Y de adulto sabrá sacarle partido a su sonrisa, como forma de empatizar, como forma de persuadir, como forma de ser, en definitiva.