Blog | Cuida tu sonrisa

Pequeñas sonrisas

La increíble historia del cepillo de dientes contra las malvadas caries

Crucilda y Ericuldo salieron corriendo de la cocina. Sus padres escuchaban sus risas y sus carreras en el salón.

—Niños, al baño.

—Papá, estamos jugando. —dijo Crucilda.

—Sí, sí, vamos a luchar con el dragón. —comentó Ericuldo, señalando a su perro que descansaba tranquilamente en la alfombra.

—Primero los dientes, luego los dragones. —Interrumpió la mamá de Ericuldo. —. Además, ¿no sabes que en vuestras bocas se ha de librar una batalla?

—¿Qué? —gritaron al unísono Crucilda y Ericuldo.

—Sí, el señor Cepillo de Dientes cuida de nuestros dientes.

—Pero, ¿por qué? —preguntaron los niños que empezaban a interesarse.

—Vamos al baño y les cuento  la historia…

“Érase una vez en un reino muy muy cercano, un reino que estaba rodeado de blancas, blanquísimas montañas. Aquellas maravillosas montañas eran el orgullo de sus habitantes porque lucían fuertes y relucientes. Aquel reino de blancas montañas era la boca de un niño…

—Sí, sí. No me miren así. ¿Acaso en vuestras bocas no hay una cordillera de blancas y relucientes montañas? —preguntó la mamá de Ericuldo, mientras ambos niños asentían poniendo la pasta de dientes en el cepillo.

“… Sin embargo, aquel maravilloso reino estaba comenzando a estar en peligro, pues el pequeño rey del reino era amante de las chuches, el chocolate, las galletas… y esa es la comida favorita de las malvadas Caries. Aquel pequeño rey comía y comía gominolas, piruletas, chocolatinas, pasteles… y las maléficas Caries comenzaban a frotarse las manos porque ya se imaginaban acampando a sus anchas por aquellas blancas montañas.

—Ja ja ja— se burlaba la Caries más malvada malvadosa. —. En breve, esos dientes no serán tan blancos. Voy a apoderarme de un par de ellos, ja ja ja…

Pero, la malvada malvadosa Caries no contaba con el superhéroe más poderoso de aquel reino…

—¿Quién es ese superhéroe? —Interrumpió Crusilda mientras se enjuagaba la boca.

—Sí, mamá, ¿quién es? ¿Spiderman?

—No, no es Spiderman.

“… El pequeño rey de aquella maravillosa boca de blancos dientes terminó de comerse su pastelito favorito y tras tirar el envoltorio a la basura corrió al baño. Encendió la luz y allí lo vio. Era azul y tenía un capuchón del mismo color que protegía sus suaves y blancos filamentos. El niño quitó el capuchón del cepillo de dientes, ¡él era el superhéroe! Sí, era el protector de aquellas maravillosas montañas. Puso en los filamentos un poquito de dentífrico, tal y como le habían explicado sus papás, y metió el cepillo en su boca.

—Oh, no.—gritó la caries. —. No, no, no… ¿por qué has tenido que aparecer tú, cepillo de dientes?

—Huye, Caries. No te quiero en esta boca. Ni en ésta ni en ninguna. Yo y mis amigos lucharemos contra ti y tus compinches. No podrás apoderarte de los dientes de los niños. Siempre estaremos protegiéndolos de ustedes.

—Quita, quita…déjame esta muela. Sólo una, sólo ésta. —Imploró la malvada Caries.

—No, olvídate de esa y de cualquier otra. No te quiero ver por aquí. —dijo el cepillo de dientes mientras el pequeño rey frotaba sus dientes arriba y abajo, a un lado y al otro, como había aprendido. La Caries perdió su batalla. No pudo apoderarse de ninguna de aquellas maravillosas montañitas. La Caries fue derrotada. Fue expulsada de la boca y el rey pudo seguir luciendo sus maravillosos dientecillos.”

—Mamá, mira. Ahí junto a la espuma—dijo Ericuldo —, seguro que ahí está la Caries malvada malvadosa.

—Sí, ¡nuestros cepillos de dientes las han combatido! —gritó Crucilda.

Ericuldo y Crucilda comenzaron a reír mientras lavaban sus cepillos de dientes mirándolos orgullosos por haber ganado aquella batalla. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado y al que no levante el culete se le quedará pegado…