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Salud bucal

Los adolescentes y la salud bucal

La adolescencia es una etapa de la vida que está marcada por miles de cambios, tanto físicos como sociales. A partir de los trece años, es habitual que los jóvenes pasen más tiempo fuera de casa con sus amigos y consuman más alimentos perjudiciales para la salud bucal, como refrescos, chuches o comida rápida. Además, al estar menos tiempo en casa, muchas veces no se cepillan los dientes tantas veces como deberían.. 

El cambio de la infancia a la adolescencia suele producirse con mucha rapidez y los padres, de repente, se encuentran con que sus niños ya no siguen su ejemplo y sus consejos con tanta fidelidad como antes. No parece fácil hacerles comprender la importancia de cuidar su salud bucal porque están más preocupados por hacer planes divertidos en su día a día. No sólo descuidan el cepillado, también el uso de hilo dental y enjuague bucal.

Por si fuera poco el incremento del consumo de alimentos ricos en azúcar, las numerosas salidas que dificultan el cepillado y la aparición de otras prioridades más allá de cuidar su boca, se suma otro factor más: los brackets. La adolescencia es una de las etapas más habituales en la que se utiliza ortodoncia, un tratamiento que favorece la correcta posición de los dientes y que permite restituir sus funciones pero que dificulta su limpieza. Hay que dedicar más tiempo a la higiene bucal para conseguir buenos resultados.

Con todo esto… ¿cómo pueden involucrarse los padres para mejorar la salud bucal de sus hijos? Los jóvenes le dan mucha importancia a la apariencia física, por lo que una buena opción es hacer referencia a la estética. La falta de higiene en la boca puede provocar que los dientes amarilleen y que aparezca el mal aliento, dos hechos que pueden perjudicar sus relaciones sociales. Además de recordarles lo importante que es la rutina de cepillado para su salud bucal, es una buena idea recordarles que, si no lo hacen, repercutirá en su apariencia.

Cuando coman en casa, los padres deben evitar ofrecerles alimentos ricos en azúcares o ácidos que puedan perjudicar su esmalte. Para beber, la mejor opción es el agua. Si pasan mucho tiempo fuera de casa es difícil saber si se lavan los dientes o no. Una manera de facilitarles para que lo tengan más presente es comprarles un kit de viaje que puedan llevar en la mochila o en el bolso, así será más fácil que se acuerden de utilizarlo. Ya que, por lo general, dormirán todas las noches en casa, es un buen momento para recordarles que el cepillado nocturno es el más importante del día.

Además, si están acostumbrados a ir al dentista desde niños, no se negarán a la visita regular que se produce una o dos veces al año. Lo tendrán interiorizado y, aunque se muestren reticentes, aceptarán que es una cita necesaria para su salud y que, “por suerte”, no tienen que acudir con demasiada frecuencia. Al ser un profesional especializado, los jóvenes tenderán a prestarle más atención que a sus propios padres, y el dentista puede aprovechar la cita para darles consejos que mejoren su salud bucal. Si tienen el capricho de ponerse un piercing en la boca, lo mejor es sacar el tema delante del profesional para que sea quien les explique las consecuencias que pueden provocar, además de explicarles cómo deben cuidarlos si finalmente se los ponen.