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Pequeñas sonrisas

Mantener una perfecta higiene bucal en el cole

Ya lo tenemos todo preparado para la vuelta al cole. Una mochila nueva, ya que la anterior ha quedado tan destrozada que apenas si podría contener ni un simple lápiz; los nuevos libros para el nuevo curso; cuadernos; lápices de colores y el diccionario de inglés, que nunca se sabe cuándo vamos a necesitar buscar esa palabra díscola que todavía se nos resiste.

Pero todavía nos queda un hueco para transportar algo que es fundamental, especialmente para aquellos niños que se quedan en el comedor del colegio: un neceser con todo lo que necesita para una buena limpieza tras la comida.

Y es que aunque estén en el colegio, es importantísimo que sigamos alentando una cuidada limpieza dental. En mi caso, el primer año que mi hija se quedó en el comedor escolar, no sabía muy bien qué era lo que debía hacer para seguir insistiendo en el cepillado de sus dientes tras la comida del mediodía. Hasta el momento lo habíamos hecho en casa, siempre bajo mi vigilancia y animándole a cepillarse las zonas más ocultas. De hecho, la mejor forma era hacerlo juntas, y así controlaba el tiempo de cepillado. Pero ahora, en el colegio, ¿quién iba a llevar ese control?

Yo estaba casi segura que se le iba a olvidar. Rodeada de tantos niños, estarían deseando terminar la comida para salir corriendo al patio a jugar a la pelota, subirse a los árboles o cambiarse los cromos repetidos del álbum de su serie favorita. Nadie iba a preocuparse si sus dientes estaban en total peligro, atacados ferozmente por los restos de comida, y lo que era peor, el hábito de limpieza que hasta ahora llevábamos de forma pulcra y ordenada, se iba a ir al garete.

Afortunadamente se convocó una reunión de padres para aquellos niños que se quedaban en el comedor. Además de contarnos los menús con todo lujo de detalles, también nos informaron de las actividades que tenían previstas al terminar de comer: un grupo de monitores de tiempo libre les preparaban juegos y actividades para que no se aburrieran hasta que fuera la hora de volver a clase. Y ya por último, y cuando estaba dispuesta a preguntar directamente, surgió la luz.

Era de obligado cumplimiento que los niños se cepillaran bien sus dientes después de la comida. Por ello había que prepararles un neceser con todo lo que les iba a hacer falta: un tubo de pasta de dientes, su cepillo y, en los casos que fuera necesario, una botellita pequeña con el enjuague bucal. En el caso de mi hija era imprescindible ya que llevaba ortodoncia.

A los niños no se les dejaba solos ni un segundo, así que una monitora encargada se los iba llevando al baño del colegio y, por orden, los entraba al lavabo para que se hicieran una limpieza a fondo, estando a su lado y vigilando que no se dejaban ni un solo milímetro dental sin cepillar.

Mucho más tranquila, volví a casa después de comprobar que la idea de dejar a mi hija en el comedor del colegio no era tan disparatada como creía, incluso había llegado a sentirme culpable por dejarla “abandonada” en un momento tan especial del día. La comida me parecía estupenda, incluso más equilibrada que la mía, y lo de la limpieza dental ya veía que se tenía muy en cuenta.

Después de comunicarle todas las noticias que me habían dado en la reunión acerca del comedor, decidimos salir juntas a comprar el neceser y todo lo que necesitaba para llevar su kit de limpieza dental al cole. El dentífrico, un buen cepillo y una botellita pequeña vacía para llenarla de enjuague dental. Ambas íbamos muy contentas y especialmente coordinadas, hasta que llegó el momento de encontrar el estuche perfecto. Que si me gusta la de Bob Esponja, pues la de Minnie Mouse es más mona, ¿y esta de lunares?, esa es demasiado grande y en la otra no te coge ni el cepillo, mejor con cremallera, pero yo prefiero con velcro… Pero, en fin, eso ya es otra historia.