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Comando piojo
Pequeñas sonrisas

Mi Comando Piojo y el cepillo de dientes

Muchos de ustedes ya saben quiénes son “Mi Comando Piojo” pero, para aquellos que me están conociendo ahora, decirles que está formado por mis dos hijos, el humano de tres años y el canino, un pastor alemán de dos años. Inseparables y capaces de volver locos a los padres más pacientes, je je je. Hechas las presentaciones nos centraremos en el tema a tratar, la relación de ambos con el cepillo de dientes. Una auténtica relación de amor. Sí, sí. Nunca mejor definido  lo del Comando Piojo y el Cepillo de Dientes, más concretamente lo del Piojo humano y el Cepillo de Dientes es pura pasión.

No sé lo difícil o fácil que es enseñarle a los peques la necesidad de usar a este gran compañero porque en nuestro caso fue algo natural, espontáneo. El Piojo nos observaba usarlo y él quería imitarnos y así, sin más, con un añito comenzó a lavarse los dientes él solito. Obviamente, no de una manera profesional pero sí fue introduciendo el uso del cepillo en los hábitos diarios.  Le compramos un buen cepillo infantil y comenzó la aventura del cepillado diario tras las comidas. Lo que nosotros no esperábamos era lo que ocurriría a continuación. El Piojo no tiene hermanos pero ha aprendido a compartir de dos maneras, una en la guardería, donde a los niños no les queda otra que compartir juguetes, ceras, mocos… y dos, en casa, con su colega canino. Todo lo comparten y claro, ¡cómo no!, el cepillo de dientes entraba dentro de las cosas a compartir. Grrrr….

La verdad, no sé cómo no habíamos pensado en ese detalle, en que terminarían compartiendo cepillo de dientes. Sí, justamente, su relación con el chupete fue así, compartía chupete con su colega y le dijimos “si le das éste ya no habrá más”. Se lo dio y ya no hubo más chupetes. Eso fue a los dos años, un año antes fue lo mismo con el biberón y la técnica empleada fue la misma. Así que el “Método Gabo” ha sido efectivo hasta entonces pero , no nos sirve para que deje de compartir el cepillo de dientes. Las “advertencias” hay que cumplirlas, si no pensará que puede conseguir cualquier cosa de sus padres, y no podemos dejar de comprarle cepillos de dientes.

Imaginan que pensaría el dentista cuando dentro de unos años, un piojo adulto llegara a la consulta con los dientes hechos una pena y él le contara al dentista “es que mis padres me dejaron de comprar cepillos de dientes porque los compartía con mi perro”, je je je. Bromas a un lado, lo cierto es que el piojo se lava los dientes a diario, tres veces al día. Lo ve como un juego, le encanta saborear la pasta de dientes, especiales para peques, y lavarse sus dientes de ratoncillo mientras su colega espera sentado a su lado y yo vigilo desde la puerta para evitar que el cepillo termine en la boca del canino. Sinceramente, si me pregunto a mí misma: ¿cuántos cepillos de dientes le hemos comprado ya al piojo? Uff, no sabría decir pero una larga lista de ellos. ¿Para tus peques es también un juego o una obligación el cepillado de dientes?