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Pequeñas sonrisas

¡Mi hijo es un «malcomedor»!

Hace menos de unas horas, antes de sentarme a teclear, como si el piojo supiese la temática de este post, ha corroborado que lo es: mi hijo es malcomedor. ¿Quién nos iba a decir a papá piojo y a mí que el mismo niño que comía de todo, que no ponía pegas a nada de pronto iba a dar un giro de 180º para nuestra desesperación? Aún recuerdo sus caras de satisfacción ante cualquier plato de comida, daba igual lo que fuera: pescado, carne, verduras, frutas… El piojo no le hacía ascos a nada, daba gusto verlo comer, incluso muchos pensarían que comía mejor que yo.

En más de una ocasión, me llegué a decir a mí misma, que nunca lo recriminaría si llegado un momento decía que algo no le gustaba. Sin embargo, de pronto, el piojo dejó de disfrutar con la comida para ponerle pegas a todo o casi todo, porque al chocolate no le encuentra ni un defecto… y justo en ese momento comenzó nuestro vía crucis particular.

Sí, la hora de la comida se convierte en una auténtica tortura, (seguro que más de uno de ustedes me entenderá), en una auténtica lucha pero no, no se confundan ya mi lucha ha dejado de ser con mi piojo, y ahora lucho conmigo misma. Sí, lucho por no explotar, por no pegar cuatro gritos y decir o hacer algo de lo que luego me arrepentiría. Si tu hijo no pone pegas a la hora de comer no me entenderás pero si hoy le gusta una cosa y mañana no, si pone pegas a todo y de pronto lo ves jugar con la comida… los nervios intentan ganarte la partida.

Y no es esa supuesta falta de apetito la que me saca de mis casillas, sino el hecho de que sea es ficticia. En más de una ocasión le he visto saborear algún plato, del que había dicho que no le gustaba, pero ante “ves como sí te gusta” su respuesta ha sido: “No, solo lo finjo”.

¿Solo lo finjo? ¡Qué le den el Goya, el Oscar y el Bafta al mejor actor!

¿Y qué hago yo? Además de quedarme con cara de tonta, respiro, respiro y vuelvo a respirar por no dar cuatro gritos mientras intento pensar que esto es solo una de las múltiples fases por las que pasan los peques. Fases, que ya no sé si son reales o no, pero que todo el mundo tiene. Eso sí, lo que no voy a permitir es que él gane la partida, no le voy a hacer otra cosa (ya bastante adaptamos su comida para que ponga el menor número de pegas). ¿No quiere comer? ¡Ya comerá! De hambre no muere nadie teniendo la nevera llena. Así que hoy se ha levantado de la mesa sin comer, se ha lavado los dientes y al cole se ha ido…ufff…como diría mi abuela: ¡Ya cenará!