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Pequeñas sonrisas

Navidades en España, más allá del belén y los Reyes Magos

El 22 de diciembre queda inaugurada la Navidad, al menos de forma oficiosa. Ese día, al son de los cantos de los Niños de San Ildefonso, todos nos vamos ‘entonando’ y contagiando del espíritu navideño y de la ilusión (y no sólo de la de la Lotería).

El Gordo de Navidad inaugura la época más emotiva y familiar del año, un par de semanas plagadas de tradiciones. Y es que en la mayoría de las casas españolas cuando llega el sorteo de la Lotería de Navidad ya hay un belén montado, o un árbol de Navidad, o ambas cosas. Pocos días después las familias se reunirán alrededor de la mesa para cenar en Nochebuena y para comer en Navidad, despedirán el año tomando doce uvas al ritmo de las campanadas de la Puerta del Sol y esperarán ansiosas la llegada de los Reyes Magos en la noche del 5 al 6 de enero.

Pero, más allá de estas tradiciones, presentes a lo largo de toda la geografía española, hay otras costumbres locales muy arraigadas y de lo más curiosas.

Hoy os contamos cuáles son las más destacadas:

Navarra y en el País Vasco:

Muchos municipios arrancan la Nochebuena con la llegada del Olentzero, un carbonero algo bebedor y gordinflón, que viste txapela y fuma en pipa, y que baja del monte para anunciar la llegada del Niño Jesús. Durante la noche del día 24 se pasea por las calles en compañía de una alegre comitiva y de diversos animales de granja y, de madrugada, entrega regalos a los niños.

Cataluña:

En Cataluña, el Caga Tió, o Tió de Nadal, es un pequeño tronco de madera que los niños deben alimentar durante varios días, hasta que, el día de Navidad, lo sacuden y el Caga Tió ‘defeca’ dulces y regalos. Otra tradición catalana, es la de la figura del ‘Caganer’ en el Belén. Se trata de un hombre agachado haciendo sus necesidades que se esconde en algún rincón del Belén. Sus excrementos sirven como abono, por lo que es un símbolo de fertilidad para el año que va a entrar.

Galicia:

En Galicia existe una figura muy similar al Olentzero: el Apalpador. Este “primo” del Olentzero también es un hombre gordo que fuma en pipa y lleva boina, y vive en el bosque. En este caso aparece en Nochevieja, cuando se acerca a los niños, les acaricia la barriga para comprobar si estan bien alimentados y les deja un puñado de castañas, con la intención de que en el año entrante dispongan de abundante comida.

Segovia:

Los segovianos no tienen a nadie que baje del monte a visitarles, pero se divierten celebrando la Carrera del Pavo en la mañana del día de Navidad. En esta peculiar competición, aficionados y deportistas (el deportista Perico Delgado es un habitual) se suben a una bicicleta sin pedales y la impulsan con su cuerpo por las escarpadas calles de Segovia, intentando llegar los primeros para hacerse con el premio: un pavo.

Alicante:

En climas más benignos las celebraciones son algo distintas. En la Comunidad Valenciana, por ejemplo, y sobre todo en la provincia Alicante, se monta el “Belén de Tirisiti”, uno de los pesebres más singulares del mundo. Se trata de una de las escasas representaciones del casi desaparecido ‘teatro de varillas’, en el que los personajes son títeres montados sobre varillas verticales que media docena de actores mueven bajo la base del suelo del belén y dentro de unas guías perfectamente diseñadas.

Siguiendo por la zona hay que destacar la localidad alicantina de Ibi, donde el 28 de diciembre “Els enfarinats” (los enharinados), toman el poder civil de forma ficticia. Estos personajes, vestidos con atuendos estrafalarios y cubiertos de harina, gobiernan a golpe de escaramuzas y batallas de huevo, petardos y, sobre todo, mucha harina, y recaudan “impuestos” que destinan a entidades benéficas.

Algeciras:

Algeciras (Cádiz) también celebra su propia tradición cuando se acerca la llegada de los Reyes Magos. En esos primeros días del año, los niños van reuniendo latas vacías y atándolas entre sí para crear lo que llaman “el arrastre”. Entonces, en la mañana del 5 de enero, lo arrastran por las calles, provocando un enorme escándalo cuyo fin es llamar la atención de Melchor, Gaspar y Baltasar, para que no pasen de largo y dejen sus regalos en la ciudad.