Blog | Cuida tu sonrisa

Pequeñas sonrisas

¡Nos vamos de excursión!

Yo soy urbanita, he de reconocer que lo mío no es el monte a pesar de vivir junto a él, ja ja ja, el piojo, sin embargo, lo adora. Bueno, el piojo es todoterreno, en definitiva es un niño al que le gusta disfrutar de cada momento y de cada lugar. A mí, a pesar de los pesares, y de preferir correr con tacones por la ciudad a ir en botas de montaña por el campo, no me queda otra que reconocer y aceptar que en el campo los niños son felices. Bueno, en el campo los peques son felices si los padres se lo permitimos…

Sí, papás y mamás del mundo, ¿cómo es posible que nos encontremos con niños aburridos en medio de la naturaleza? Ejem…ejem…, repasemos algunos puntos a tener en cuenta para que eso no suceda:

Punto 1: ¿de verdad algunos padres pretenden que sus hijos se queden sentados a su lado estando en medio de un lugar lleno de aventuras? Mal, muy mal,  los niños necesitan descargar sus energías, necesitan correr, saltar, trepar a los árboles, descubrir bichos, caerse y levantarse… Sí, porque se caerán pero también se levantarán. Los niños no han de estar entre algodones, los niños necesitan vivir. ¡Ojo! Con esto no quiero decir que les dejemos hacer el cafre, pero sí disfrutar.

Punto 2: ¿de verdad crees que la ropa va a llegar impoluta a casa? Si así llega malo será, ese peque no se ha divertido. Ir al monte para estar sentado jugando con el móvil no es la idea. Ya que llegas al territorio de los pájaros, las lagartijas, las ardillas… Descúbrelos, enséñale cosas sobre ellos y, sobre todo, a respetarlos a ellos y a su entorno.

Punto 3: si se aburren, invéntate un juego. Por ejemplo, mi piojo y los hijos de mis amigos adoran ir al círculo de las hadas (círculo hecho por los scouts) y que encontramos en medio de un claro, la verdad es que el sitio es muy bonito y sin darme cuenta solté “vaya, este debe ser el lugar de encuentro de hadas y duendes”. Un año después seguimos yendo al “círculo de las hadas”, ellos imaginan donde se sienta la reina de las hadas y como bailan y saltan. Yo, de verdad, aluciné en colores porque de algo tan simple e inocente se había creado toda una historia. Esta última vez buscaron a la bruja, a la cual vieron en un árbol, por cierto, la vieron todos menos uno de ellos, al que su padre no lo dejaba alejarse de los adultos…

¡Ay! Mete en la mochila el botiquín, hazte a la idea que la lavadora va a terminar hasta los topes, en algunos casos tendríamos que meterlos a ellos, pero déjalos disfrutar en medio de la naturaleza. ¡Solo se es niño una vez!