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Pequeñas sonrisas

Problemas bucales por el chupete o dedo

Los bebés nacen con la necesidad fisiológica de succionar: es su forma de alimentarse, pero también les proporciona consuelo. Hay pequeñines que se chupan el dedo antes de nacer y mantienen el hábito durante mucho tiempo después. A la mayoría les ofrecemos el controvertido chupete. Este artilugio, denostado en algunas épocas, cada vez obtiene un mayor reconocimiento por parte de la comunidad científica. Si esperamos  a que la lactancia se instaure antes de dárselo, lejos de ser perjudicial, estaremos proporcionando algo bueno a nuestro bebé.

El chupete reduce el riesgo de SMSL (muerte súbita del lactante), algo probado aunque aún no se conoce bien como lo consigue. Hay estudios que consideran que el chupete, o mejor dicho la succión del chupete, tiene un efecto analgésico muy eficaz.  Otra de sus ventajas es que fortalece los músculos faciales, pudiendo corregir problemas de mal oclusión dental. Sin embargo, como casi todo en esta vida, deja de ser tan bueno pasado el tiempo. A partir de los tres años el chupete, que dejó de ser necesario hace tiempo, se puede convertir en un problema.  Y es que hasta que el bebé cumple 36 meses, la deformación bucal que haya podido causar el chupete se rectifica por sí misma en poco tiempo y no queda una huella permanente. Después no hay más remedio que  consultar con el odontólogo la posible solución.

Un caso más complicado es el de los niños que se chupan el dedito. Es un hábito mucho más difícil de combatir que el del chupete, ya que lo tienen siempre disponible y, como hemos dicho, en muchos casos es algo aprendido incluso antes de nacer. No podemos deshacernos de él y a veces hay que recurrir a impregnar el dedo con sustancias seguras pero desagradables para que el niño deje de chupárselo.

A diferencia del chupete, el pulgar puede causar problemas dentales permanentes desde mucho antes. No solo afecta a la mordida, también puede provocar la elevación de la bóveda del paladar y el estrechamiento del arco dental superior,  por la presión del dedo, mucho más duro que la tetina de un chupete. Este problema se llama paladar gótico y puede afectar al desarrollo del lenguaje y a la masticación, al descolocar no solo los dientes sino la encía. Si aparecen estos problemas en la boca del niño es muy importante  consultar con el odontólogo.

Se recomienda llevar a los niños al dentista cuando aparecen los primeros dientes o al cumplir el primer año, momento en que deberíamos también comentarle los hábitos de succión de nuestro bebé. Tanto si utiliza chupete como si se chupa el dedo, es importante que le hagan un seguimiento para corregir los problemas que puedan aparecer lo antes posible. Y si puedes, no esperes hasta los tres años para tratar de cambiar su costumbre. Sin agobios, poco a poco y respetando al niño, pero inténtalo.