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Hábitos diarios

Sonrisas con Experiencia: Salud bucodental, el valor de la experiencia

El de irnos a la cama era uno de los peores momentos del día para mis hermanos y para mí. Se acababa la diversión, se terminaban los juegos y las risas, aunque no tuviéramos sueño, nos teníamos que acostar sí o sí. ¡Y lo peor era lavarse los dientes! Mira que es una tarea breve y automática y que después se siente uno estupendamente con la boca fresca y limpita, pero ¡qué pereza nos daba!

Afortunadamente nuestros padres eran más cabezotas que nosotros, y la lucha diaria la terminaban ganando siempre ellos. Gracias a eso, poco a poco, fuimos cogiéndole el gustillo a eso de acostarnos con una boca limpia y fresca, nos inventamos canciones que cantábamos (balbuceábamos, mejor dicho) todos frente al espejo y se convirtió en un juego más de cada día.

Mi madre participaba con nosotros a menudo, y cuando era mi padre quien nos acompañaba en el cepillado nocturno, las risas venían no por la canción, si no por las payasadas que hacía, poniendo muecas, llenándose la boca de la espuma del dentífrico, poniendo el espejo del baño hecho un cuadro… Nos moríamos de la risa con su actuación, y casi más aún después, viéndole limpiar todo lo que había ensuciado.

Según fuimos creciendo los juegos se fueron espaciando, pero a día de hoy, siendo ya un adulto, muchas veces me sorprendo a mi mismo cantando mentalmente mientras me cepillo los dientes. Hace poco enseñé a mi sobrino a utilizar el hilo dental y no pude evitar recordar cómo me habían enseñado mis padres, el primer día que probé las granadas.

Gracias a su constante preocupación por mi higiene bucodental he tenido muy pocos problemas bucales y mis visitas al dentista, afortunadamente, han sido pocas más que las reglamentarias. Me he ahorrado muchos dolores de muelas por caries y además, sin pretender ser arrogante, he de confesar que tengo una sonrisa ciertamente bonita que, estoy seguro, me ha abierto muchas puertas en la vida.

Y no sólo por tener una sonrisa con aspecto sano, es que tengo bien grabadas en la mente las constantes recomendaciones de mi madre: “sonríe siempre cuando conozcas a alguien nuevo”, “lo que se dice con una sonrisa siempre cala más”… Ella era muy consciente del poder de las sonrisas, y por eso nos regalaba tantas cada día.

Estoy deseando tener hijos, entre otras cosas, para disfrutar con ellos del momento del cepillado de dientes, tal y como hice yo con mis padres y hermanos. Es uno de esos recuerdos felices de infancia que siempre que acuden a nuestra mente nos arrancan una sonrisa.

Gracias por crear este tipo de recuerdos y por enseñarme lo importante que es mantener una buena higiene bucal.

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