Blog | Cuida tu sonrisa

Pequeñas sonrisas

Consejos para que se acostumbren a comer de todo

Hasta los dos años y medio fui de esas madres afortunadas cuyos bebés han pasado de la lactancia materna a la mixta, que han dado el salto a la cuchara, y han visto a sus bebés disfrutar con papillas, purés y todos aquellos alimentos que se iban incorporando a su alimentación. Ni una sola cara de asco, ni un solo intento de tirar la comida. Sí, mi piojo podría despertarse dos y tres veces de madrugada, pero era un gran comedor.

De pronto comenzó a dormir toda la noche del tirón, aún hoy alguna noche se despierta pidiendo agua o soñando, pero normalmente duerme a pierna suelta. Sin embargo, con la llegada del descanso nocturno, hubo un cambio… ¿qué ocurrió? Llegaron los problemas con la comida, empezaron las pegas a determinados colores, texturas o peor aún empezó a sentir pena por comer “animales”.

Sí, hablo en serio, el piojo ni siquiera probaba el plato, se negaba a hacerlo por su color. De repente sólo le gustaba el puré de color taronja y ¿qué hicimos?

¡Trampas!

¿Quería naranja? ¡Naranja le dimos! Los alimentos de color naranja se multiplicaron en sus cremas, la zanahoria  y la calabaza ganaron presencia en sus purés. ¿No le gustaba el color taronja?, pues, él comía y come de todas las verduras habidas y por haber, pero añadiéndole una buena dosis de color.

El pescado, sin embargo, es más complicado de enmascarar, nada de pescado con forma de pescado. “Mamá, no me puedo comer a Nemo y sus amigos”.

Así que él no come pescado sino merluza, lenguado (hecho filetes o en tiritas finas) y demás animales marinos. Merluza sí, pescado no… je je je… Lo curioso es que sabe que es pescado porque en la pescadería más de una vez le hemos dicho los nombres de cada uno, pero si funcionan estas pequeñas trampas…

Y así seguimos con las trampas, si no se podía comer a Nemo, tampoco podía comerse a Peppa Pig y a todos sus amigos animales.

¡Señores dibujantes, no creen animales parlantes! ¡Los padres pagamos las consecuencias!

¿Qué nos ha tocado hacer? Cambiar nombres a las comidas, disfrazar la carne en forma de otras cosas. Y eso, afortunadamente, nos funciona.

El piojo come carne de todo tipo, pero ni se plantea que es carne;  entre bocado y bocado te dice que él “carne no come, que no le gusta”, mientras tanto nosotros asentimos con la cabeza aguantándonos las ganas de reírnos y decirle la verdad.