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Pequeñas sonrisas

Miedos y actitudes de los niños al dentista

Ahora que está tan de moda recordar nuestra infancia, aquellos maravillosos años de la EGB, nos damos cuenta de que son muchas las cosas que han cambiado desde que éramos pequeños. La visita al dentista, sin duda, es una de ellas. Antes íbamos cuando surgía algún problema, un diente torcido, una caries que causaba dolor o para las revisiones del dichoso aparato al que ahora llamamos brackets.  Normal que nos diera miedo, la consulta casi nunca era un trámite, solo eran preventivas si aprovechábamos que nuestro hermano tenía que ir, por lo que ya llegábamos condicionados.

Han cambiado las técnicas o al menos las formas, e incluso la ambientación, mucho más amable. Los dentistas han hecho un gran esfuerzo por quitarnos el miedo y porque nuestros niños no se lo tengan. Y la verdad, no hay motivo para temer porque ya no duele. Si hacemos lo que se recomienda y llevamos a nuestro bebé a los seis meses de la salida del primer diente, o cuando cumple un añito, el dentista será una visita rutinaria más. Luego solo hay que continuar y mostrar nuestra mejor predisposición.

En la mayoría de los casos somos los padres los que transmitimos el miedo por el dentista a los peques. Si no puedes controlarlo, procura que sea otra persona quien se encargue de llevarles y no dejes que te acompañen a tus revisiones. Pero lo mejor es ser racionales y no dejar que se nos note la ansiedad. No deberíamos darle más importancia de la que damos a ir a la peluquería o al pediatra.

Puede que a pesar de todo nuestro hijo muestre temor e incluso miedo por lo que haya oído en el cole o en  alguna serie de dibujos animados, porque no hayamos sabido esconderlo e incluso  por una mala experiencia personal. Tendríamos que atajarlo cuanto antes porque tiene toda una vida por delante de visitas al dentista. Lo mejor es tratarlo como todos los miedos, respetando al niño, escuchándole e intentando explicarle porque no hay motivo de preocupación.  No le mientas, cuéntale lo que van a hacerle y si es algo más que una revisión, díselo, las sorpresas no son buenas en estos casos.

No te olvides que tienes un aliado, el propio dentista. Acostumbrados al temor que sentimos muchos y que incluso tiene nombre,  dentofobia, saben cómo tratar al niño y cómo ayudarle a confiar, explicándole bien todos los pasos, enseñándole los aparatos y el ruido que hacen y, mostrándose amables y cercanos. Puedes hablar con la consulta con antelación y acordar la forma de actuar con el niño. Cuando vea que no hay nada que temer seguro que consigue superarlo. Luego te queda celebrar lo valiente que es, una tradición que se está perdiendo pero que nuestras madres cumplían a rajatabla. Un buen desayuno, una salida juntos o un pequeño regalito serán buenos recuerdos que ayudarán a borrar del todo el miedo al dentista o que incluso conseguirán que vaya de buena gana.